A pesar de que actualmente no trabajo ni estudio me he comprado una agenda donde ya he vaciado medio cargador de mi Pilot azul de tinta líquida. Poseída por la ilusión de las cosas nuevas, junto a la posesión de mi innato horror vacui, he comenzado a trazar páginas y páginas de futuros proyectos.
Pero elegir una agenda no fue fácil, pues mis preferencias son un tanto extrañas o, al menos, no tan comunes como tipos de agendas hay en el mercado. Buscaba una agenda que no fuera un auténtico fetollo. Por lo tanto quedaban descartadas todas las agendas de piel, marrones y negras, por ser demasiado señoriales (hablando claro, de viejo). También descartaba todas las agendas tocharro, las grandes, las que parecen una biblia en verso o las que tienen mapas, diccionarios y demás paja sobrante que las convierte en un amasijo de letras de medio kilo. Después aun tengo otras preferencias personales como que aparezcan los 7 días de la semana en la misma página doble. No soporto las agendas que sólo te dan una visión tan parcial del tiempo que tienes que girar 7 páginas para saber que tienes que hacer la semana siguiente. Llegados aquí, mi perfil era claro: agenda ligera pero no minúscula, dónde aparezcan los 7 días de la semana en cada página doble y que no sea horripilante. Durante los últimos 6 días me he plantado en el FNAC, el Happy Books y hasta tres librerías más sin éxito alguno. Empezaba a desesperar... pero ayer y contra todo pronóstico, la encontré. En una pequeñísima y abarrotada librería de mi pueblo-pequeña-ciudad.
Ahí estaba, entre dos volúmenes GIGANTES - no cesaba de preguntarme quien se compra una agenda que pesa como un volumen Larousse - asomando su pequeño espiral. Tiré de él y se me apareció una pequeña agenda azul con unas formas grises en la tapa y una gomita elástica al centro. Me enamoré al abrirla, cumplía todos y cada uno de mis requisitos. Era perfecta. Y aun me volví a enamorar cuando constaté que sólo costaba 6 euros. Estaba en trance, feliz e incrédula por el descubrimiento, enamorada del mundo, hasta que le dije al dependiente que también quería un boli Bic. Me desenamoré del mundo cuando me cobró 50 céntimos por el puto bolígrafo de mierda...
No hay comentarios:
Publicar un comentario