La superstición y las creencias son un hecho congénito al ser humano, tanto como el miedo o la duda. Necesitamos creer en algo mejor. Somos tan débiles, frágiles y vulnerables que la mera idea de estar solos ante el mundo nos aterroriza de tal modo que creamos dioses, amuletos y diferentes supersticiones con la esperanza de ser protegidos. Las cosas han cambiado bastante pero, sin embargo, actualmente creemos tanto como en la antigüedad, ¿quién no ha esquivado una escalera o cruzado los dedos en alguna ocasión? Incluso me atrevería a decir que puestos en situaciones extremas hasta los más escépticos en estos temas pedirían ayuda a ‘alguien imaginario’ en un último intento desesperado de sobrevivir. Nos sentimos tan solos en un mundo tan extraño que necesitamos pensar que hay algo superior a nuestra miseria, algo que nos protegerá. Posiblemente, el mayor temor de los seres humanos es la muerte. ¿Qué pasará cuando perezcamos? ¿Qué será de nosotros? Este sentimiento de incertidumbre nos hace vulnerables en una vida que, demasiado corta, se nos escurre entre las manos como agua. A veces nos sorprendemos ante rituales de tribus o religiones distintas a la nuestra, y les observamos con cierto etnocentrismo como un todo terreno miraría a un SEAT. Pero nosotros no somos diferentes en absoluto de quienes bailan invocando la lluvia o quienes rezan cada cinco horas. Tan humanos como ellos creemos del mismo modo para sentir que no todo es tan incierto y que, quizás, la vida es algo más que suerte.lunes, 17 de enero de 2011
Creer
La superstición y las creencias son un hecho congénito al ser humano, tanto como el miedo o la duda. Necesitamos creer en algo mejor. Somos tan débiles, frágiles y vulnerables que la mera idea de estar solos ante el mundo nos aterroriza de tal modo que creamos dioses, amuletos y diferentes supersticiones con la esperanza de ser protegidos. Las cosas han cambiado bastante pero, sin embargo, actualmente creemos tanto como en la antigüedad, ¿quién no ha esquivado una escalera o cruzado los dedos en alguna ocasión? Incluso me atrevería a decir que puestos en situaciones extremas hasta los más escépticos en estos temas pedirían ayuda a ‘alguien imaginario’ en un último intento desesperado de sobrevivir. Nos sentimos tan solos en un mundo tan extraño que necesitamos pensar que hay algo superior a nuestra miseria, algo que nos protegerá. Posiblemente, el mayor temor de los seres humanos es la muerte. ¿Qué pasará cuando perezcamos? ¿Qué será de nosotros? Este sentimiento de incertidumbre nos hace vulnerables en una vida que, demasiado corta, se nos escurre entre las manos como agua. A veces nos sorprendemos ante rituales de tribus o religiones distintas a la nuestra, y les observamos con cierto etnocentrismo como un todo terreno miraría a un SEAT. Pero nosotros no somos diferentes en absoluto de quienes bailan invocando la lluvia o quienes rezan cada cinco horas. Tan humanos como ellos creemos del mismo modo para sentir que no todo es tan incierto y que, quizás, la vida es algo más que suerte.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario