Escuchar los tenedores raspar los platos. Y el silencio. Reprocharse una luz encendida, la ausencia de un beso y hasta el tapón del gel. Y el silencio. Caminar sin darse la mano, odiándose un poco más a cada paso. Y el silencio.
¿En qué momento del proceso se puede decir que una flor está ya marchita? A veces las circunstancias, el tiempo, la humedad, el calor, el frío o incluso algún abono mal aplicado pueden cambiar el aspecto de la flor. A ojos no experimentados puede aparecerse como una flor fea, marchita y terminal. Pero quizás sólo sea el resultado de una flor mal cuidada, a la que le falta algún mineral o, quizás, un poco de agua. Creo fervorosamente que las reacciones de las flores son extrapolables a las de las relaciones interpersonales. A veces pueden aparecerse terminales, muertas y apagadas. Pero, como las flores, las personas entienden de circunstancias y estímulos. Y también como las flores, pueden comenzar a marchitarse para, después, volver a su estado natural o incluso otro mejor. Quizás nos falta persistencia. Nada es inevitable, incluso lo aparentemente incorregible. Quien más quien menos ha visto renacer alguna planta o flor que parecía estar más muerta que viva, igual que todos conocemos alguna pareja que volvió cuando ya parecía imposible. Y es que a veces las cosas no son tan simples como quisiéramos creer. Quizás el cuidador de la flor y la pareja que volvió ante lo imposible saben algo que los demás desconocemos… Por qué… ¿no saber cómo hacer algo es lo mismo que ignorar?
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